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Por segunda vez escaló el Aconcagua y rescató a un excursionista sueco

 

Lucas Arán, oriundo de Adelia María, había hecho cumbre en 2010. En enero último volvió a desafiar a la montaña y esta vez lo hizo solo, sin guía. Caminó durante 25 horas sin parar para llegar a la cumbre, a 6.960 metros. Al retomar el descenso debió auxiliar y bajar a un montañista descompensado.
Desafiando todos los inconvenientes y superando hasta sus propios límites, Lucas Arán, joven nacido en Adelia María, volvió a escalar el cerro Aconcagua e hizo cumbre el pasado 11 de enero a las 13 horas.
Ya lo había hecho en 2010 junto a otro compañero de su pueblo, Luciano Caraglio, pero en esta oportunidad la travesía terminó haciéndola solo y hasta debió auxiliar a un montañista extranjero que sufrió una descompensación y lo trasladó hasta la base donde fue asistido.

 

En diálogo con PUNTAL Lucas revive esta experiencia con el mismo entusiasmo que aquella primera ocurrida en 2010. “Salí con un compañero de Adelia María (Pablo Regis) que iba por primera vez. No teníamos guía ni nada, pero al sexto día él no aguantó más y se pegó la vuelta. Yo, en cambio, decidí continuar, sin aclimatar ni nada. Caminé durante 25 horas sin parar y el 11 de enero hice cumbre a la una de la tarde. Después emprendí el regreso”, detalla sin pausa.

 

Comenzó a escalar a las 20 horas del día 10 y al día siguiente a las 13 hizo cumbre. “Yo iba solo, charlaba con otros grupos que estaban haciendo el recorrido, pero nadie en realidad iba conmigo. No formaba parte de ningún grupo. Llegué, hice cumbre, sacamos las fotos rápido y bajé porque el tiempo no acompañaba. Tan es así que las empresas que hacen estas expediciones como tienen centros meteorológicos deciden no hacer la excursión”.

 

 

Tras comenzar el descenso fue en busca de su compañero, Pablo Regis,que había quedado en la carpa. Llegó allí a las 21 horas.

 

Cuando estaba en pleno descenso hizo un tiempo para descansar y tomarse un té caliente para aminorar el frío de toda una jornada con nieve. “De pronto sentí que había gente gritando, pero no veía nada por la nieve. Esperé un rato y llegó el grupo de suecos con sus guías que traían a uno de los expedicionarios muy descompensado. Uno de los guías lo trasladaba desde la cumbre y ya no daba más; tampoco el resto. Así fue que me hice cargo y lo bajé. Lo llevé hasta el campamento donde lo atendieron los médicos”, detalló Lucas.

 

Este tramo en que también debió actuar como auxilio resulta ser uno de los más dificultosos de la montaña ya que hay una zona denominada la canaleta que tiene una pendiente de inclinación de 70 grados. “Decidí trasladarlo porque ninguno de sus 9 compañeros estaban en condiciones de hacerlo. Todos tenían algún grado de descompensación”. Y agregó: “En ese momento decidimos que antes de llamar a la patrulla, que se iba a demorar tres horas para el rescate, yo lo iba a trasladar, y fue el tiempo que me tomé para bajarlo”.

 

En busca de otras cimas

 

Estudiante de cuarto año de Ingeniería Agronómica, bombero voluntario de su pueblo desde hace 8 años y jugador de fútbol del Atlético Adelia María, Lucas no encuentra un límite aún a su espíritu aventurero, aquel que descubrió durante una práctica de rescate en las sierras (por incendios), y que lo llevó junto a Luciano Caraglio a visitar por primera vez el Aconcagua hace tres años.

 

“Después de esa expedición hicimos otras escaladas en cerros de Córdoba, y tenemos en nuestros planes el Lanín, el Cordón del Plata. A éste (último) pensaba ir esta semana pero mi compañero no está en condiciones de hacerlo. También tengo ganas de hacer el volcán Pissis”. Este nevado tiene 6.882 metros, es el segundo en altura de América y el volcán más alto del mundo. Está ubicado en Catamarca.

 

Confía Lucas en poder hacer estas expediciones pronto y junto a otros apasionados por la montaña. Admite que este deporte es caro y que implica importantes inversiones. “Para ir al Aconcagua esta segunda vez, estuve tres años equipándome. Con el estudio y demás ahorro lo que puedo y con lo que me ayudan mis padres voy sumando elementos”.

 

Tanto Lucas Arán como Luciano Caraglio son bomberos voluntarios y comparten además la pasión por el montañismo que promete llevarlos a muchos otros rincones del mundo en busca de nuevos desafíos.

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